Hoy estoy feliz. Y todo porque ayer volví a ir al cine. Y qué cine. Qué buen sabor de boca. Y esto es así, porque sabía lo que iba a ver, sabía lo que me esperaba y la película cumplió todas mis espectativas y más.

El filme es lo último de Tarantino, un genio vivo que convierte en horo todo lo que toca. Pero no en un oro valioso, que también, sino en un oro digno de admiración, del de 24 quilates. En su escasa filmografía solo hay cine del de verdad. Tarantino siempre logra lo que quiere y da lo que promete. Nunca puedes salir decepcionado de ver una de sus películas. Si quiere hacer serie B, la hace, y con todas las de la ley. Si quiere crear su propia versión del final de la Segunda Guerra mundial, lo crea. Y punto. ¡Y menudo final!
No voy a contarlo aquí por respeto a aquellos admiradores de Don Quentin y por aquellos que, como yo, solo tengan una ligera idea sobre qué trata la película. Sí puedo decir, que un grupo de americanos judíos liderado por Brad Pitt tiene como única misión (al menos al principio) matar tantos nazis de uniforme como les sea posible. Y de qué manera. Si al principio de la peli a uno se le pone el vello de punta por la orrenda escena que podemos presenciar desde la butaca, luego uno no puede dejar de reirse ante la violencia gratuita del director, una violencia sarcástica, de un humor negro, ácido y a la vez, de cierta dulzura, que ha creado escuela.
B. Pitt, en su perfecto papel plano, como acostumbra, da vida al teniente Aldo Raine, al que se le ha encargado reclutar a un puñado de judíos americanos para que minen la moral de las tropas nazis a base de ir aniquilándolos de las más viles maneras muy poco a poco, como en una guerra de guerrillas. Entre sus hombres hay de todo, incluyendo exiliados alemanes que han obtenido la nacionalidad estadounidense.
Por otro lado, Mélanie Laurent encarna a Shosanna Dreyfus, una judía francesa que ha perdido a su familia a manos de un importante policía nazi. La joven pronto verá la oportunidad de vengarse de todo el régimen.
En el bando alemán destacan el coronel Hans Landa (Christoph Waltz) y el soldado Frederick Zoller (Daniel Brühl), uno un sabueso cazador de judíos y el otro un héroe de guerra del que aseguran que ha matado, ejerciendo de francotirador, a más de 300 italianos en 3 días.
Estos y otro puñado de personajes, junto con decenas de cientos de balas, conforman un largometraje en el que Quentin Tarantino expresa su idea de lo que pudo haber sido un gran final de la Segunda Guerra Mundial. Así, que no, no está basada en hechos reales (para eso tenemos A3).
Personalmente, como digo, me ha encantado, y se la recomiendo a toda aquella persona que sienta algún entusiasmo por el más puro estilo Tarantino, porque si no, estoy seguro de que no te va a gustar.
El Trailer
Mi Nota
Un 9 es mi subjetiva calificación, aunque he de reconocer que, como película (omitiendo que es de Q.T.), no se merece más de un 5′5… xD.
¡A disfrutar!
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