Decepción en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia.

Este año lo he pasado en Valencia, estudiando. Y aunque parezca mentira, se aproximaba el final de mi estancia allí y aún no había visitado la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Y no lo hice hasta que mi hermano vino a verme y me dijo “no puedes ir a Valencia y no visitar la CAC.

Así que nos pusimos manos a la obra y buscamos en internet información sobre horarios y precios. Los tres principales atractivos de la CAC son el Museo de la Ciencia Príncipe Felipe, el l’Oceanogràfic y l’Hemisfèric. El precio de la entrada para adulto de l’Oceanogràfic es de 23,30€, mientras que los otros dos cuestan 7,50€ cada uno. Aunque se da la opción de comprar distintas combinaciones de entradas, más baratas, en forma de paquetes. Nosotros escogimos el que incluía los tres, por un montante de 30,60€, al que se le restó el descuento correspondiente a un carné >26 y a otro <26.

Lo primero que visitamos fue l’Oceanogràfic. Mi hermano salió encantado de aquí, ya que nunca había visitado un acuario. Yo estoy algo más desencantado, ya que, si no tienes un interés especial en la vida submarina, visto uno de estos zoos acuáticos, vistos todos. Eso sí, la exhibición de los delfines te deja con la boca abierta aunque la veas 100 veces. Quiero suponer que esta es la razón del, desde mi punto de vista, excesivo precio de la entrada. Creo que si costara 10€ en lugar de 20€, todo el mundo podría permitirse asistir.

Así que, hasta aquí, todo bien.

Dos días más tarde fuimos a l’Hemisfèric, uno de esos cines con pantalla semiesférica, tipo IMAX. Se podía elegir entre cinco proyecciones distintas. Nosotros escogimos “Profundidades Marinas”, con la voz de Johnny Deep y otra artista famosa, de cuyo nombre no me acuerdo, y con banda sonora de Frank Miller. Todo un lujo.

Cuando solo faltaban unos minutos para comenzar la sesión, se nos informó de problemas técnicos para proyectar esa película, así que la sustituirían por “El arrecife encantado: Kaluoka’hina”, un filme infantil. La mayoría de los asistentes decidieron retirarse para cambiar sus entradas. Mi hermano y yo, junto con unos pocos incautos decidimos quedarnos. Se trataba de una peli infantil, pero no nos importaba: aquello prometía. Después de todo se trata de unas instalaciones ultracaras diseñadas por el “gran” Santiago Calatrava, así que no habrían ahorrado a la hora de comprar las películas, que dan el resultado final a la obra.

Pero nos equivocamos. Menudo tostón de peli. Era una copia barata de “Buscando a Nemo” (o tal vez el boceto previo a la obra maestra). Y no era para niños, como sugerían en la sinopsis, sino para “niños tontos”, como bien indicó mi hermano, que es maestro de Educación Infantil y Primaria. Era un filme de 45 minutos, con diálogos absurdos, mal llevados y mal interpretados. La calidad de las imágenes, generadas por ordenador, dejaba muchísimo que desear (nos encontrábamos, creíamos, en uno de los centros de la ciencia audiovisual del mundo). La banda sonora no era mucho mejor, pero sin duda, lo peor de todo era la trama. No pienso molestarme ni en describirla. Simplemente, no vayáis.

Esa tarde, después de disfrutar de la playa un rato y de comer en un sitio bastante agradable (y barato), nos dirigimos a nuestra última parada en la CAC: el Museo de las Ciencias Príncipe Felipe.

Ya al entrar nos dijeron “pueden salir y entrar cuantas veces quieran hasta las 9 de la noche” (eran las 4 o las 5 de la tarde).

La exposición temporal trataba sobre superhéroes Marvel, así que nos dirigimos lo primero a esta parte. Evidentemente, en un museo de las ciencias, el enfoque no debe ser meramente sobre el espectáculo, sino de todo lo relacionado con la ciencia real. Así, se comparaba la resistencia de las telarañas de Spiderman con la de las arañas reales, se descubrían zonas del cerebro en un juego en el que había que despertar a Hulk, se aprendían los secretos del magnetismo al intentar derrotar a Magneto, o se aprendían las distintas prótesis que se implantan en los quirófanos, hoy en día, a la vez que se observaba el esqueleto de Lobezno. Creo que el tema estaba bastante bien llevado. No hay que olvidar que estos museos están diseñados para dar una primera aproximación a la ciencia, ciertamente amplia, para niños de escuela. Un ingeniero puede encontrar aburrido o curioso lo que aquí se encuentre.

Después de ver a los superhéroes seguimos el recorrido lógico por todo el museo. Personalmente, me resultó muy aburrido, ya que descubrí que los contenidos son prácticamente idénticos en todos los museos de la ciencia de España (ya había visitado otros dos o tres). Incluso para mi hermano, resultó ser un chasco, un gran chasco. Por otra parte, se supone que la gracia de estos museos es la posibilidad que ofrecen de aprender ciencia mediante la interacción. Bien, pues más del 25% de los aparatos estaban fuera de servicio, con lo que la visita se hizo inevitablemente, un horror.

Mi hermano y yo nos reímos un montón recordando la frase del señor de la entrada, con aquello de que se podía salir y volver a entrar, preguntándonos, quién demonios volvería a entrar en un sitio como ese. Antes de terminar, quiero decir, que el tal Calatrava, arquitecto de renombre y elegido predilecto de la alcaldesa de Valencia, la señá. Rita, sabe hacer cosas más que espectaculares. No obstante, creo que no son edificios útiles. La ordenación cahótica del Museo Príncipe Felipe dificultaba muchísmo hacer una visita ordenada, coherente. En cambio, un edificio mucho más austero, como el del Museo de las Ciencias de Valladolid, siendo mucho más pequeño, está muchísimo mejor organizado, permitiendo disfrutar de prácticamente las mismas actividades, pero siguiendo un orden lógico y fácil.

En fin, que desde mi punto de vista, solo habría evitado estas quejas, de haber entrado gratis a l’Hemisfèric y al Príncipe Felipe, pero como no fue así, me desahogo en este blog, que para eso está.

En resúmen, no recomiendo en absoluto la visita a la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, salvo por su exterior, que realmente merece la pena, tanto de día como de noche.

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