La Alta Definición (HD)

Me parece que es buen momento (durante los dos últimos años ya lo era) de hablar de la alta definición de video. Intentaré explicar qué es, cómo diferenciar un dispositivo que la soporte de uno que no, que ventajas tiene hoy por hoy, cómo elegir un dispositivo con tecnología HD… En fin, las preguntas típicas al respecto.

Digo que es un buen momento, porque cada vez está más cerca la desaparición de la televisión analógica y del DVD, que daban calidades de imagen bastante por debajo de la alta definición. La implantación definitiva del BlueRayDisc de Sony (que hace unos meses venció irreversiblemente al HD DVD), hace que comiencen a descender las ventas de reproductores de DVD ordinarios. Y con la TDT (Televisión Digital Terrestre) que ya es capaz de ofrecer sus contenidos (aunque no lo haga en la mayoría de los casos, aún no) en formato de alta definición.

La alta definición en vídeo, no se refiere nada más que a la cantidad de píxeles (puntos) representados en la pantalla, más elevada de lo que venía siendo. El estándar mínimo requerido es de 720 puntos verticales. Si tu televisor admite esos 720 puntos es, al menos, HD Ready, primera categoría en los aparatos con soporte HD. Si además es capaz de soportar 1080 puntos horizontales, se encuadrará entonces en la categoría Full HD, la máxima que se encuentra hoy en los mercados convencionales (ya van llegando artículos de lujo algo superiores). Los contenidos (emisiones o reproducciones) que llegan en 1080p pueden visualizarse tanto en dispositivos Full HD como en los HD Ready, con la diferencia de que en los Full HD, los puntos mostrados serán exactamente los que indica el soporte original (disco o emisión de TV), mientras que en HD Ready, habrá un 720 líneas encendidas simultáneamente, de forma que unas se encienden alternativamente con respecto a las otras. Además de estos dos tipos, ha aparecido recientemente el formato HD Ready 1080p, equivalente al Full HD.

Y qué hay de las tecnologías de las televisiones, cómo se enfrentan a esta nueva era de contenidos en alta definición. Bueno, pues para empezar, ya llevamos unos cuantos años disfrutando de pantallas planas tipo LCD y plasma, frente a las antiguas CRT (Cathode Ray Tube). Aquella tecnología quedó desfasada tras muchos años de acompañarnos en nuestros hogares y en los hogares de nuestros padres y abuelos (de los que pudieran permitírselo, quiero decir). Las pantallas LCD y plasma trajeron las principales ventajas de ser planas y delgadas.

La tecnología LCD (Liquid Crystal Display) comenzó a utilizarse en ordenadores en los 70 y ha ido evolucionando hasta nuestros días. Tardaron en imponerse a las CRT, por su coste y por dar, al principio, calidades de imagen menores. Están basadas en el sistema de colores RBG (Red Green Blue) en lugar del clásico cian, magenta y amarillo. En cada punto hay en realidad un punto de cada uno de los tres colores (rojo, verde y azul), activados eléctricamente por una red creada dentro del cristal líquido. Aunque en la actualidad no es esa red la que actúa, sino una capa de microtransistores, la famosa TFT (Thin Film Transistor). Un gran hándicap para estos televisores, es el contraste superado con creces por los CRT, dado que los LCD no emiten luz, sino que definen colores, y la luz es generada por una capa fluorescente, luego para conseguir el negro, lo que se hace es “tapar la luz fluorescente”. En las CRT, simplemente, no impactaba ningún fotón en la pantalla.

La otra tecnología en boga es el Plasma. En este caso, es eso, plasma, el componente principal que define el aparato. El plasma es conocido como el cuarto estado de la materia. A diferencia de los estados sólido, líquido y gaseoso, en estado de plasma, la materia se comporta como un todo, es decir, a pesar de tratarse de partículas (iones cargados) independientes, adquiere unas características como un todo, características distintas a la suma de las de cada partícula, características, simplemente, diferentes. Es el mismo estado que adquieren algunos gases encerrados en los tubos fluorescentes. Pero en este caso, las partículas quedan encerradas en una retícula entre dos cristales (igual que en los LCD). Una vez más, cada celda de la retícula contiene los tres colores RGB. En esta ocasión son las propias celdas las que emiten luz, por lo que los problemas de contraste del LCD son menores. Las principales trabas de este sistema son el peso (30 kilos para una TV de 42″) y el aumento de resolución, que resultaría carísimo, ya que se tendrían que reducir las celdillas.

Pero los descendientes del CRT están llegando. Una “nueva” tecnología (se presentó en 2005) trabada por una querella de patentes. Es la tecnología SED (Surface-Conduction Electro-Emitter Display Technology), en la que cada uno de esos puntos de la pantalla está accionado por un microtubo de rayos catódicos. Esto incrementaría enormemente las posibilidades de adaptación al HD y a lo que venga después (¿UHD – Ultra Alta Definición?).

Para el futuro, se está trabajando ya en las tecnologías OLED y SED, que permiten pantallas enormes y además flexibles y ligeras. Sus trabas actuales están referidas a su durabilidad y al coste de producción, que será además menor que los actuales, pero cuando se produzcan a gran escala.

Por tanto, reitero, las tecnologías principales que hoy se adaptan a la Alta Definición son LCD y Plasma.
Son varios los parámetros que influyen a la hora de elegir un televisor, y el más acuciante suele ser el precio. Una vez tengamos esto claro, podremos comenzar a buscar la mejor opción para nuestro presupuesto.

  • Tal vez lo primero, sea elegir entre HD Ready y Full HD. Unas decenas (a veces cientos) de euros marcarán la diferencia. Ese precio se verá además influido por las otras características principales del aparato.
  • Es muy importante la conectividad, los distintos puertos de los que dispone la máquina. Esto dependerá de lo que pretendamos enchufar en ella.
  • La mejor relación de contraste permitirá obtener imágenes nítidas, sacando el máximo partido a la HD.
  • El brillo es importante en lo referente a la usabilidad, a poder usar la tele en cualquier ambiente, y a la comodidad. Porque la homogeneidad del brillo en todos los sectores de la pantalla es imprescindible, y algunos modelos de altas prestaciones y precio ajustado, fallan en esto.
    La calidad de las zonas oscuras, bien definidas y con las zonas que deban ser negras, de un verdadero color negro, darán calidad a la imagen, ya sea esta en alta definición o en la convencional.
  • Los colores serán más vivos y realistas en las pantallas LCD en ambientes luminosos y en las de plasma en ambientes oscuros.
  • La frecuencia de refresco de los colores también influye en la calidad y realismo de las imágenes, así como en las horas que podemos aguantar frente a la pantalla sin sufrir demasiadas jaquecas.

Dicho todo esto, está en tus manos acceder ya (si aún no lo has hecho) a ésta ya no tan nueva, aunque siempre novedosa, era de la Alta Definición. Eso sí, he de decir (es mi blog y digo lo que quiero), que creo que merece la pena esperar algunos años más si tu tele de siempre sigue funcionando bien, ya que los precios descienden a pasos agigantados y las características de los televisores de gama alta que van llegando se centran cada vez más en pijadas (algunas muy interesantes) que solo adornan la función principal.

Para terminar, apuntar que los proyectores y los retroproyectores ya se han apuntado a la alta definición, claro que si los convencionales, ya son caros, imagínate estos otros…

Y eso es todo lo que tengo que ofrecer sobre la HD.

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